Desasosiego
La busqué con la mirada entre tanta incertidumbre. Ella me miró, yo no pude darme cuenta, estaba hipnotizado por sus grandes ojos negros y su mirada atravesó mi cuerpo como si de una flecha se tratase. Sentí miedo e intenté hacerle sentir a ella el mismo sentimiento que yo sentía en mi ser, en mi alma. No noté gran afectación por mi fallido intento, me aproximé despacio a su pelo, lo toqué, observé en su gran cabello deslizado por sus hombros que había algunos mechones color oro y eso cautivó aún más mi corazón, palpitaba sin cesar, podía sentir que de un momento a otro estallaría, pero mi alma era demasiado tímida para dejarlo ir, lo retenía, lo tenía preso de un gran miedo.
Se apartó de mí, me tenía pánico, un pánico aterrador, que pude comprobar al sentirla inquieta, quizás incómoda, quería huir de allí, dejarme solo encerrado en esas cuatro paredes pero no se fue, se quedó quieta y me abrazó muerta de miedo, yo, la correspondí con un cariñoso beso en el pómulo izquierdo, se estremeció, me cogió la mano y me inclinó hacia la cama, mis ojos podían comprobar como poco a poco se volvía transparente, la toqué, me tocó, la besé, y me miró.
Echado en la cama con una mujer maravillosa, mi corazón se había calmado, ya no se respiraba miedo ni indecisión. Ella dormía, y yo la miraba pensando que si esa noche no me hubiera escapado de casa, ahora mismo, que podrían ser las cinco de la mañana que, no estaría ahí, en su hotel, no la conocía de hace mucho, hará unos seis meses que mi alma empezó a vivir por ella, en esa discoteca, la vi bailando, su sudor entrecortaba los mechones dorados de su cabello, se movía como una diosa, en ese entonces, me llené de valor y me puse a bailar con ella, avergonzándome de mi movimiento de caderas. Parecía feliz, pero en realidad estaba apagada, bailaba para desahogarse de algo o de alguien, no lo sé aún, pero lo que sí supe en ese momento es que esa chica era para mí, Dios quiso que la viera ahí, bailando, con esos movimientos que me aturdían, pero a pesar de mi miedo pude acercarme a su oído y a raíz de eso todo surgió según había querido el destino.
De pronto se despertó, quizás la incomodé, no sé, levantó la mirada hacia el techo y después de un instante de silencio absoluto, preguntó:
- ¿Por qué has venido?
En ese momento, me hipnotizó, no supe que contestar, ella esperaba mi respuesta con impaciencia, pero ¿Por qué había preguntado eso? Se había acostado conmigo sin hacer preguntas, simplemente entré en la habitación y poco después de encontrarla, me dedicó su mirada y me abrazó. En ese momento yo estaba mal, acababa de pelearme con mi novia y de haber discutido con mi madre, no sabía a donde ir, pero solo quería salir del agujero que las discusiones de mis padres había convertido mi casa. No podía decirle que tenía novia pero dije:
- Ha habido bronca en mi casa y no tenía a donde ir.
Fue lo único que le pude decir, y según su reacción se conformó con saber que me encontraba mal.
Era una chica misteriosa, vivía en ese hotel, a miles de Km de la ciudad, aislada de todo ser viviente, pero sin embargo, bajaba todos los fines de semana a bailar y a beber. A mis dieciocho años, solo pude comprender que le habían hecho daño. No me atrevía a preguntarle nada, no esperaba su reacción y no sabría como reaccionar yo, así que mejor, me mantenía callado, observándola.
Pasaban las horas y ya mismo amanecería. Me levanté y miré por la ventana:
- Está amaneciendo –dije
- Deberías irte a casa, tu madre debe estar preocupada.
Ella tenía razón, debería irme a casa, pero no quería dejarla sola, ella también estaba mal y en mi casa me esperaban una serie de broncas y llantos insoportables que me provocarían las ganas de irme de nuevo, prefería quedarme aquí, en este misterioso hotel.
- No quiero ir
- Pero algún día tendrás que volver ¿no?
Esa pregunta me dio que pensar, en ese momento no quería volver, pero ¿tiempo después? ¿Cómo aparecería en mi casa? No quería pensar, ahora estaba con ella, no quería pensar en eso.
Me volví a echar a su lado alejándome de la ventana, me abrazó. Me tocaba, me acariciaba, me besaba por todo el cuerpo, yo estaba tenso, intentaba relajarme para corresponderla pero no podía. Ella se retiró.
- ¡Tío! ¡Que pasa! No me haces ningún caso. ¡Por que no te vas y te relajas! Luego vuelves si quieres.
Tenía razón. Era imposible si yo no me tranquilizaba. Estaba preocupado ella lo sabía. Por un momento dudé y quise volver a casa pero por suerte pude rectificar a tiempo y después de andar, por ahí, solo, pensando, volví con ella, en ese momento era la única que me entendía.
Sonó el teléfono insistentemente, mi madre lo dejaba sonar, yo esperaba a que se despertara y viera quién era. A mi no podía engañarme, yo sabía que al primer sonido del teléfono se había despertado y quién llamaba también debía conocerla bien, pues insistía e insistía, hasta que por fin, mi madre descolgó el teléfono.
- ¿Quién llama a estas horas? ¿No respetáis el sueño de los demás?
- Perdona... pero...
- ¡Ah! Lo siento Yolanda, no imaginaba que fueras tú. ¿Ha aparecido ya mi hijo?
- Por eso llamaba, a mi casa no ha llegado y son mas de las seis de la mañana. Ni siquiera ha llamado.
- Me tiene preocupada, nunca había desaparecido de casa tantas horas, siempre había venido a dormir aunque hallamos discutido. ¿Dónde puede estar?
- No tengo la menor idea, he llamado a todos sus amigos y no saben nada de él.
- ¿Dónde ha podido pasar la noche? ¡Dios mío! ¿Dónde puede estar metido? Me tiene realmente preocupada, él nunca ha hecho esto.
- No creo que tarde mucho en aparecer, además necesito hablar con él, tenemos un asunto pendiente. Esperemos al menos hasta que amanezca, no tardará en aparecer.
Esa noche la pasé con la chica del hotel y a la mañana siguiente seguía sin aparecer por mi casa.
- ¿Qué te pasa? Estas triste ¿verdad? ¿Echas de menos a tu novia?
“¿Cómo? ¡Imposible! No podía haberse enterado de que tenía novia, ¿Cuándo?
- Juanjo, ¿me escuchas?
- Sí, sí. Perdóname
- ¿Por qué? Por lo de tu novia, no pasa nada. Por una pelea con tu madre, no desapareces tres días de tu casa
- Lo siento, de verdad, no pretendía quedarme tanto tiempo
- No estorbas, al contrario, me agrada tu compañía, últimamente me sentía muy sola, pero...
- ¡Ya lo sé¡ Debo volver a mi casa
- Si, son tres días, tío, es mucho tiempo
- Sí, ya lo sé, pero no se como volver, ni lo que me espera.
- Vuelve con tu novia, seguro que te extraña muchísimo, yo también te extrañaría.
Con esto ultimo pude darme cuenta de la tristeza de sus ojos, en ese momento comprendí el por que de su soledad, y el por que vivía tan aislada, ¡la abandonaron! Seguro fue uno de esos hombres como yo, debía ir junto a Yolanda pero no podía abandonar a Eva, pero...
- ¿Juanjo? ¿Estas ahí?
- ... sí... sí... Perdona estaba pensando...
- Y puedo adivinar en que, pensabas si volver a tu casa o no. Y... ¿vas a volver?
- Mira, no lo sé aún, no quiero abandonarte a ti.
- No seas tonto, yo siempre he estado sola, a mi no me abandonas, ve con tu madre, ellos te necesitan mas que yo.
No sabía que hacer, irme, no irme, volver a abandonarla, no sé, había llegado a su vida, así, de repente, y no podía irme y quedarme así de bien, ¡no! No seria yo el segundo hombre que la abandone.
- No me iré, prefiero quedarme aquí, contigo. Tú también lo estas pasando mal, dime una cosa, ¿por qué vives tan sola y tan aislada?
- Eso... no... ¡Oye! No me cambies el tema, eres listo.
- No, lo siento, no debí preguntarte eso, de nuevo te digo, perdona.
- No, no pasa nada, tienes todo el derecho a preguntarme, estas aquí, viviendo conmigo y solo soy una extraña para ti, y es más, no te vas porque no quieres dejarme sola, esta bien, te lo contaré todo.
Todo empezó lejos, muy lejos de aquí, en donde tu vives, en el centro de la ciudad, yo era una muchacha solitaria, como lo soy ahora, pero algo más feliz, vivía en un pisito pequeño, lo justo para mi y todo lo que yo necesitaba, pero en mi camino se cruzó un mal hombre aunque eso no lo sabía aún, se mudó al lado mío, nuevo en la ciudad y me tropecé con el por mi calle, me dijo que se había mudado enfrente de mi y que era nuevo, y me pidió si le enseñaba la ciudad. Yo acepté encantada, ese hombre me gustó, me hacía sentir diferente, pensé “Llego la hora de abandonar mi soledad” Y así fue, me enamoré de él, y yo creí como ilusa que era, que él también se estaba enamorando de mí, pero me equivoqué, jugó conmigo. Cuando la relación llegó a mas, me pidió de vivir juntos y yo acepté y así de esa manera me empecé a ilusionar con él y con montar una familia. Un día vine de hacerme unos análisis y me encontré con una gran sorpresa, un hijo se cruzó en mi camino, por fin se iba a cumplir mi sueño, formar una familia con el hombre al que yo amaba, pero la cosa no terminó así. Al llegar al piso, encontré la ropa interior de una mujer que no era yo tirada por todo el piso, la cama desecha y a mi novio recién duchado. Pude darme cuenta que se había acostado con otra. Fui a pedirle explicaciones y a decirle que iba a ser padre. No dio tiempo a nada, al salir de la ducha me contó que hacia tiempo que salía a escondidas mías con una mujer, que la conocía de hace mucho tiempo y que era su esposa. Yo no lo podía creer, ¡Yo era su amante! Y con un hijo en sus entrañas, bueno... Ya te puedes imaginar que pasó...
- Y... ¿Tu hijo?
- Bueno... esa mujer no era buena, era una mujer sin escrúpulos y nunca me perdonó el haberme cruzado en la vida de su marido... me dañó de tal manera que mi cosita no pudo soportarlo...
Se echó a llorar, sin pensármelo dos veces, corrí a abrazarla, ¡Qué mal la había tratado la vida! No se merecía algo así, ni ella ni nadie. Ella lloraba en mi hombro y yo conmovido por su historia la consolaba diciéndole:
- ¡Venga! Ya pasó todo, ahora estas aquí, conmigo, no dejaré que te vuelvan a hacer daño, por eso no me iré. No te puedo dejar así de mal, nunca me imaginé algo así.
- ¡No! No puedes quedarte, tu madre, tu novia, no hagas que la historia se repita, vuelve junto a ella, te necesita mas que yo.
Después de esa conversación no volvimos a hablar del tema, al día siguiente, me despedí de Eva y volví a mi casa. Abracé a mi madre, le pedía perdón por todo lo que había pasado y acto seguido fue en busca de Yolanda y le prometí que nunca más volvería a pasar, le dije que tendríamos al niño y que todo iba a salir bien, que no se preocupase y que ya encontraríamos los medios de darle una buena vida a nuestro hijo.
Nombre: Mª Angeles Ribodijo
País: España
Provincia: Córdoba
Ciudad: Córdoba
Mail: Contactame
Hobby: escribir
Ocupación: estudiante
Edad: 18
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