Argentinos, despertemos para ver la realidad
Por Miguel Ángel Sforza *
La grave y decadente situación de nuestro país no es un hecho fortuito aislado. La izquierda radicalizada aliada con políticos circunstanciales, nuevamente emplea una estrategia orientada a destruir los pilares fundamentales de la sociedad a fin de lograr la destrucción de la Nación.
El General San Martín en una carta dirigida al entonces Presidente del Perú, General Ramón Castilla (15 de Abril de 1849) describe las técnicas destructivas que emplea la izquierda y que él observó durante su estada en Europa: "los activistas de los partidos terroristas de la Revolución Francesa solo perseguían el desquicio del orden y de la civilización, atacando la propiedad, la religión y la familia" (Carlos Eduardo Dominguez, La nueva guerra y el nuevo Derecho, Buenos Aires, 1978).
Esas técnicas no han cambiado. Los partidos políticos que promocionan el desorden social y la revolución populachera mantienen su vigencia y han logrado infiltrarse en todos los estamentos de la sociedad pero sin lograr aun la mayoría política duradera por desavenencia internas en la preparación de la "mayoría ideológica", la cual es obtenida por medio de la agitación y la propaganda.
Antonio Gramsci, nacido en Cerdeña, Italia, en 1891, Secretario General del Partido Comunista italiano (1924), escribió los "Cuadernos de la Cárcel" donde consagra una lucha de clases que complementa la tesis marxista, basada en la ideología que está, según el pensamiento gramsciano, estrechamente vinculada a la "mentalidad" (constitución mental de los pueblos), ya que dentro de la sociedad civil se elaboran, difunden y reproducen las concepciones filosóficas, religiosas, intelectuales o espirituales en las que se apoya el consenso social para cristalizarse, consolidarse y perpetuarse.
Su tesis pone especial énfasis en que "no es posible la toma del poder por parte de la izquierda revolucionaria sin ocupar antes el poder cultural", agregando que "la subversión política no crea una situación, solo la consagra".
Para lograr la efectiva toma del poder por parte de la izquierda revolucionaria Gramsci sostiene que en la aplicación de su tesis deben ser tenidos en cuenta los siguientes aspectos:
Educación: Deformación de los valores y contenidos filosóficos desde la niñez, en los niveles primario, secundario, terciarios y universitarios para destruir las normas preexistentes y lograr:
la "socialización" de las relaciones de enseñanza (o de aprendizaje) el "cuestionamiento" del principio de autoridad el "fortalecimiento" de los comportamientos grupales (masa populachera) la "descalificación" del esfuerzo individual en bien de los logros grupales, comenzando allí el proceso de masificación.
Religión: Tergiversación del Evangelio de Salvación (espiritual y divino) por el Evangelio de la Liberación (materialista y terrenal).
Infiltración en su seno para "minar este obstáculo para la educación del pueblo" y lograr el factor de descomposición espiritual de la sociedad.
Convertir la religión en sinónimo de neurosis y psicosis para borrar su mística.
Comprometerla "activamente" en el cambio económico social.
Medios de comunicación social: Lograr el "control" de los medios masivos de comunicación para hacer efectiva la "persuasión permanente", el "bombardeo constante al inconsciente colectivo" para obtener el "marxismo popular".
La técnica debe apelar también al cancionero, la pornografía, la intolerancia, la drogadicción, el cine debate y el control de los comunicadores sociales para impulsar la disolución moral y ética. Crear "falsos héroes y mártires populares" que "resulten agradables a la sensibilidad media popular". Gramsci profetiza que así caerá el aparato institucional con la misma facilidad con la que cae un fruto del árbol, "porque todos pensarán lo mismo irreversiblemente". Todo el esquema descripto apunta a "uno" de los objetivos técnicos de la guerra revolucionaria que en conjunto busca:
El desmembramiento del factor militar.
La destrucción del poder económico.
La infiltración del factor político.
La descomposición del factor espiritual.
Minar la moral del ciudadano.
Fomentar la agitación entre los trabajadores por demandas de aumentos de salarios.
Controlar y fiscalizar la fidelidad política de los dirigentes políticos y obreros, desacreditando sus personalidades.
Utilización de las masas populares para el control callejero incitando a marchas, pacíficas en el orden de los reclamos y violentas en contra de las instituciones republicanas.
Todo ello a fin de lograr la sensación de impotencia oficial; el desprestigio de las instituciones, de sus fines, de su accionar y de sus integrantes y la preparación para el cambio social.
Este plan está siendo aplicado en nuestra sociedad.
Si pretendemos "refundar" nuestra república, debemos recordar que la fortaleza y la estabilidad de nuestro sistema político radica en la defensa de los valores y las ideas en las que se asienta nuestro ser nacional.
Despertar y conocer la realidad implica asumir la responsabilidad ciudadana en los problemas nacionales y participar activamente en la solución de los mismos. Dormir es permitir que otros hagan lo que quieran y aceptar el control ideológico de quienes impulsan al mundo hacia la revolución, el terrorismo y el desorden.
Debemos defender las instituciones, en especial la Familia, los principios filosóficos y valores morales de nuestra sociedad y las tradiciones socioculturales que constituyen el sostén de nuestra libertad. No permitamos que nos vendan la violencia disfrazada de porvenir.
* Periodista independiente.
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