Primero vayamos a lo más sencillo y cotidiano, a lo que vivo todos los días en esta ciudad. ¿Qué cosas veo?, se preguntarán. Que la limpieza de las calles me sigue sorprendiendo como el primer día, que si ando en bicicleta tengo prioridad al igual que los peatones, que a nadie se le ocurre cruzar la calle cuando no le corresponde y que si dice “prohibido fumar”, raramente voy a ver a alguien con un cigarrillo en la mano.
El otro día iba hacia la estación de tren de Suenohara, la que está más cerca de casa y escucho una musiquita que provenía de un colegio secundario que está de camino. Me asomé por entre las plantas que lo separan de la calle y ahí estaban los chicos: algunos barrían el patio, otros limpiaban los vidrios, etc. ¡Perdónnn! ¿Están limpiando la escuela?, pensé. Como se me hacía tarde seguí camino hacia la estación pero… la imagen de los chicos limpiando seguía en mi cabeza. Y claro, si les enseñan a limpiar el colegio es obvio que después las calles estén impecables. Los japoneses no nacieron limpitos, ordenados y disciplinados, sino que esas cosas las aprenden desde chicos, pensaba.
Les cuento un poco sobre el sistema educativo japonés, al final del post probablemente entiendan por qué Japón es lo que es… o por lo menos eso fue lo que me pasó a mi
El sistema educativo se divide en 5 etapas:
•Jardín de infantes
Duración: de 1 a 3 años / Edad: de los 3 a los 5 años / Carácter optativo.
•Escuela primaria o Shōgakkō
Duración: 6 años / Edad: de los 6 a los 12 años / Carácter obligatorio.
•Colegio secundario elemental o Chūgakkō.
Duración: 3 años / Edad: de los 13 a los 15 años / Carácter obligatorio.
•Colegio secundario superior o Kōkō
Duración: 3 años / Edad: de los 16 a los 18 años / Carácter optativo.
•Universidad o Daigaku
Duración: Depende de cada carrera, pero generalmente es de 4 años / Cada institución tiene su propio sistema de ingreso.
.Navegando por Internet me crucé con el blog de Osvaldo Biaggiotti, abogado y docente santafesino. Osvaldo vino como becario a Japón entre el año 2007/2009 y trabajó en varios colegios públicos (shōgakkō, chūgakkō y kōkō) ubicados en el área del “Gran Tokio“, prefectura de Kanagawa. (Yokohama, Kamakura, etc.)
Me contacté con él y aproveché para preguntarle algunas cosas en relación a la exigencia escolar, a lo equitativo del sistema, al estrés en los adolescentes, etc. Las respuestas a mi mail me parecieron interesantísimas. Si bien estuve investigando sobre el tema, qué mejor que la mirada de un docente argentino que tuvo la posibilidad de conocer en vivo y en directo la educación nipona. Así que decidí copiar algunos párrafos en forma textual.
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1. ¿El sistema de educación es muy exigente?
“En líneas generales diría que sí. Si medimos variables tales como: cantidad de horas de clase, días hábiles del calendario escolar (en Argentina son 180 días, que nunca se cumplen; y en Japón, 240 y por supuesto siempre se cumplen), horas que dedican los alumnos a las tareas fuera de la escuela, tiempo de preparación y nivel de dificultad de los exámenes, etc., se concluye en que relativamente, el sistema educativo japonés es altamente exigente. Pero, por supuesto, se trata de un fenómeno complejo, y las explicaciones muy generales pecan de simplificación distorsionada”, me contestó Osvaldo.
2. Una educación equitativa
“Una escuela del centro residencial de Tokio y una de la zona más remota y pobre tienen el mismo equipamiento y la misma calidad de docentes. El 98% de los japoneses termina el secundario, y la mitad de ellos ingresará a la universidad o a estudios superiores al terminarlo (de ellos, casi todos terminan la carrera; en Argentina, si bien el porcentaje de los que comienzan es bastante alto, muchísimos abandonan antes de recibirse). Las escuelas primarias son gratuitas, las secundarias y las universidades aranceladas, pero tengo entendido que los aranceles son accesibles y hay eficientes sistemas de becas. Para ser docente se necesita estar matriculado y tener licencia, la cual se obtiene aprobando exigentes exámenes prefecturales. Y, en términos de poder adquisitivo y salarios comparados, ganan mejor que en la Argentina. Sin embargo, los docentes nipones también se quejan porque consideran que no es suficiente.”
3. El estrés en los adolescentes
Todos los japoneses están obligados a esforzarse al máximo para mantenerse en el mismo nivel que los demás; creen que así lograrán el respeto de sus pares, uno de los valores más importante de Japón. El mayor nivel de exigencia se genera a la hora de rendir el ingreso a la universidad, al colegio secundario superior, y en algunos casos, al colegio secundario elemental. Esta tensión es una de las principales causas de suicidios juveniles del país.
“Los chicos salen de la escuela a las 3 ó 4 de la tarde y de ahí se van derechito a institutos particulares llamados juku donde los asisten en la preparación de los exámenes, y suelen permanecer ahí varias horas, en algunos casos hasta las 9 ó 10 de la noche. Gran porcentaje del alumnado japonés asiste a juku. La preparación para los exámenes de ingreso de la universidad comienza hasta más de un año antes. Hay un dicho entre los postulantes: “Cuatro horas, éxito; cinco horas, fracaso”… se refiere a las horas de sueño por día que uno se puede permitir. Se dice que el kōkō no es más que una preparación de tres años para un examen de una sola mañana que decidirá el futuro profesional de cada joven. Todo está centrado en ese examen de ingreso.”
Muchos jóvenes retrasan su ingreso un año o más para dedicarle más tiempo a la preparación de los exámenes. Esta exigencia se debe en parte a que la entrada a una universidad prestigiosa es determinante para el futuro de cualquier japonés, ya que al egresar seguramente serán contratados por alguna empresa y muy probablemente mantengan el mismo empleo durante toda su vida laboral por agradecimiento y fidelidad a la misma.
4. El fenómeno de la “U invertida”
“Hay una transición significativa entre un ambiente de educación “de vanguardia”, centrada en el alumno, distensión, flexibilidad, exuberancia, típico del shōgakkō; a un rígido sistema de exámenes, estudio memorístico, disciplina férrea y sacrificio, propio de chūgakkō y kōkō. Podrá parecer contradictorio, pero para los japoneses quizás se trate de un natural incremento de exigencias que se va dando a medida que los chicos crecen (con la salvedad del “recreito” de la universidad). Se habla del fenómeno de la “U invertida”: exigencias mínimas o nulas cuando el japonés es niño o anciano, y un incremento de exigencias que comienza en la pre-adolescencia y llega a su punto más alto en la mediana edad, con las responsabilidades laborales y familiares, para después comenzar a bajar.”
5. El recreo universitario
En contraste con la exigencia de la secundaria y el altísimo estrés de los exámenes de ingresos, los cuatro años de estudios universitarios se viven como un respiro para los estudiantes.
“Esta es otra generalización un tanto engañosa, porque hay algunas excepciones tales como la Universidad de Tokio, según dicen, y algunas carreras como medicina, abogacía, ingeniería, etc. Pero lo cierto es que es relajado, en términos generales. Sin duda, se estudia muchísimo más en una carrera universitaria europea o norteamericana. Esto tiene que ver con otras variables del sistema educativo y productivo. Por ejemplo, hay muchos contenidos que, en comparación con otros países, en Japón están transferidos de la universidad a la secundaria. Además, en el mundo del trabajo hay mucho del llamado in-job training. Cada empresa capacita a sus nuevos empleados a su medida, en algunos casos durante años, mientras les paga un sueldo inicial y les hace cumplir jornadas de trabajo, por supuesto. Es más, no existe la correspondencia a la que estamos acostumbrados en Argentina entre lo que estudiaste y en qué trabajás. Se valoran más otras cosas tales como el prestigio de la universidad en que te recibiste; si sos egresado de una universidad “top”, eso significa que sos una persona sacrificada, ambiciosa y disciplinada, etc. Lo que estudiaste importa menos, total la empresa te capacita.”
6. Un sistema también cuestionado
“Todo esto es permanentemente debatido y cuestionado. Muchos japoneses, especialistas o no, dicen que el sistema genera buenos empleados pero deja muchísimo que desear en lo que refiere a la formación de ciudadanos críticos, creativos, librepensadores, etc. Se dice que los exámenes son super-conductistas, meramente memorísticos, que no tienden al desarrollo armónico de todas las habilidades (esto, como todo lo de Japón, es interesante –y quizás amargante- contrastarlo con Argentina: acá todas las reformas educativas hacen hincapié en la creatividad y el espíritu crítico, lo cual está muy bien, pero nunca vi en 20 años de docencia que algún documento ministerial hablara de la formación de hábitos, la cultura del trabajo y el sacrificio, etc.; como si sólo hiciera falta creatividad y espíritu crítico para que un país salga adelante).”
“Ciertas reformas educativas japonesas de los años 80 y 90 tendieron a flexibilizar, distender, aliviar a los chicos, a que las universidades tomaran en cuenta otros parámetros en la admisión además del examen de ingreso, etc. Por ejemplo, se suprimieron las clases curriculares de los sábados a la mañana, pero aun así, sigue habiendo alumnos de estricto uniforme escolar los sábados y los domingos, ya que los chicos siguen yendo a actividades extra-escolares, deportivas, etc. Creo que esta tendencia, no cambió el paradigma de la alta exigencia, e incluso ha habido, a partir de los 90, una tendencia contraria. Muchos dicen que Japón debe recobrar su grandeza exigiendo más a los estudiantes. Acá habría que agregar un par de cosas. A pesar de todo, los docentes japoneses vociferan las mismas quejas que los argentinos: que los chicos no leen, que cada vez escriben peor, que no memorizan kanji como antes, que se la pasan jugando a los videos, que los padres son cada vez más complicados, etc.”
A manera de conclusión
Muchas de las cosas que les fui contando en este blog a lo largo de los meses tienen estricta relación con el tema de la educación. Por ejemplo, ¿se acuerdan cuando visité el diario Yomiuri shimbun en Tokio? Este diario es uno de los de mayor circulación a nivel mundial, y en aquel momento me quedé sorprendida porque el 90% de los lectores estaba suscripto y recibía 2 veces al día el diario impreso. Si a esto le sumamos la cantidad de japoneses que lee la versión on-line o que accede a las principales noticias a través de los alerta por celular, creo que queda más que claro que una persona educada es la que necesita y exige información.
Los japoneses no hacen magia ni tienen suerte, la clave es la educación, acá no hay analfabetos. La educación tiene un papel protagónico en la vida de todos y cada unos de ellos. Por supuesto que el alto nivel de exigencia tiene su costo y su lado negativo pero, si lo evalúo en relación a lo que veo y vivo todos los días… frente a la educación japonesa, me saco el sombrero.
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