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Ella
estaba de pie,
muy cerca mío.
La miré
hasta el alma!
Y mis manos
agarraron
sus muñecas.
Cerrando los ojos
me ofreció su mejilla.
Se contenta acaso
el hombre sediento
con los frutos,
cuando una fuente
está cercana?
Al fin
nuestros labios se unieron...
Y todo su cuerpo
contra el mío
no fue más
que una boca...
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